Pedro Barcelo (Pintor)

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Pedro José Barcelo Oliver (Palma de Mallorca 1884 ~ 1969). Pintor costumbrista del principio del siglo XX.

Biografia i Obra[editar]

De muy niño demos­tró una gran afición al dibujo, que años más tarde iría perfeccionando con las lec­ciones que recibió en la Academia de Bellas Artes, dirigida a la sazón por el ilustre pin­tor Ricardo Anckermann. Continuó sus es­tudios artísticos con Don Lorenzo Cerdá, trasladándose luego a Madrid para ingresar en la Escuela de pintura, escultura y graba­do, obteniendo el título de Profesor de di­cha escuela. En el transcurso de su dilatada vida, hizo un gran acopio de títulos y distinciones (De­lineante de Obras Públicas, Aparejador, Profesor de Dibujo lineal y artístico, Aca­démico Numerario de la Academia de Be­llas Artes de Palma, Presidente de la Comi­sión Provincial de Monumentos, Académi­co correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando , de la de Toledo, de San Miniato de Florencia y de la de Be­llas Artes de San Sebastián, habiéndose concedido en los últimos años la Encomien­da de Alfonso X el Sabio),despues de 14 años y luego de nume­rosos contratiempos, vio satisfecha una de sus más nobles ambiciones: regresar a su tierra natal para ser nombrado Profesor de la Escuela Provincial de Artes y Oficios y más tarde Director del referido centro, cargo que vino ostentando hasta la fecha de su jubilación. Se especializó, sobre todo, en retratos y pinturas murales de temática religiosa, pero también trabajó el paisaje la naturaleza muerta. Tiene obras en el Museo Lateranense de Roma (como un retablo del beato Ramon Llull) ofrecido a Su Santidad Pío XI, que se guarda en el Centro de Misiones Católicas de Roma, en las iglesias de Santa Cruz y de la Concepción de Palma, en las parroquias de Manacor de San Juan, un tríptico en el convento de los franciscanos de Waco (Texas) y un "Vía Crucis", que continúa causando ad­miración a cuantos lo contemplan. Hizo un informe para declarar monumento histórico la iglesia y el claustro del Hospital de San Antonio de Viana, y para la conservación del casco antiguo de Palma. Sus pinturas mu­rales de la Iglesia parroquial de Manacor, están dedicadas a exaltar a la Virgen María a través de los Misterios de la Con­cepción, Asunción y Coronación. Cabe resaltar, asimismo, el retablo de Santa Cruz —en la capilla del Perpetuo Socorro— y el que ornamenta el Cristo del Nogal, en la Iglesia de la Concepción, en cuyas figuras, por cierto, están representa­dos su esposa e hijos. (No hay que olvidar que Pedro J. Barceló pintaba habitualmen­te del natural. Sus modelos preferidos eran los seres desheredados, que el artista plasmaba con la hondura y el realismo que se desprendían de sus estigmatizadas facciones). En el Convento de la Misión también tiene tres pinturas.

Independientemente de esa faceta artísti­ca, Pedro J. Barceló cultivó la Pintura del paisaje, el Bodegón y el Retrato. En esta última moda­lidad es quizás donde el pintor demostró un pleno dominio de la técnica. Son inconta­bles los personajes que de todos los esta­mentos sociales posaron para el artista. Dos óleos, tienen un excep­cional interés: su autorretrato y el dedicado a su esposa Matilde, modelo de perfección que le acredita como un auténtico maestro en esta difícil especialidad, por su precisión en el dibujo y la armonía en las tonalidades cromáticas. Es considerado el retratista más destacado del realismo académico en Mallorca. Colaborador como crítico de arte, de teatro de música en la prensa local. Era un gran aficionado a la ópera y cantó como tenor.

Humanamente, Pedro J. Barceló fue una persona que irradiaba bondad por todos los poros. Incapaz del menor gesto despectivo, en sus largos años de crítico de arte y musical, nunca salió de su pluma un adjetivo disonante que pudiera herir o molestar a alguien. Sus juicios fueron siempre certeros, alentando a los principiantes que se acercaban a él en demanda de consejo. Un infausto treinta de julio de mil nove­cientos sesenta y nueve, Pedro J. Barceló emprendió el camino hacia la inmortalidad, a la avanzada edad de ochenta y cuatro años. Una vida bien aprovechada, con sus naturales altibajos, pero sin perder nunca el sentido del deber. Desaparecía un artista notable, un maestro ejemplar y un hombre de acendradas convicciones.

Bibliografia[editar]

  • Catàleg de l'exposició “Veinte Pintores Mallorquines”, Banco Santander, Palma de Mallorca 1984
  • Gran Enciclopedia de Mallorca

Enlaces externos[editar]